haz la letra pequeña y entrarán un montón de cosas.
Era cierto,
si se apretaban mucho las palabras cabía casi todo: las personas y las cosas.
Sólo con hacer la letra un poco más grande ya empezaban a quedarse fuera algunas,
las más inútiles.
Aún había demasiadas.
Aumenté un poco más el tamaño y desaparecieron algunas que creía necesarias.
Me entró el miedo.
Paré y me quedé esperando.
No pasó nada.
Continué
y siguieron cayendo cosas,
más a cada nuevo paso.
En algún momento del proceso,
cuando apenas quedaban un puñado de objetos,
lo comprendí.
Sonreí,
escogí la letra más grande
y sólo quedaste tú,
ocupando todo el monitor.
