31 may 2013

ARTÁIZ- Navarra

Nada más cruzar la localidad de Unciti se encuentra un desvío que lleva a Artáiz, donde podemos encontrar un magnífico ejemplar del románico rural de Navarra: la Iglesia de San Martín de Tours.

Se encuentra acompañada por media docena de casas de piedra, un recogido cementerio junto a la entrada y un antiguo aljibe. 
Parece ser que comenzó su construcción a mediados del siglo XII.
La planta es de una sola nave, con ábside semicircular de poca profundidad y con una torre de poca altura a los pies.
Está presidido por un Crucificado, una Virgen del Rosario y un San Martín partiendo la capa para un peregrino. 
En la capilla lateral podemos ver una pila bautismal románica.

Tras las obras de restauración de la iglesia, al ser retirado el retablo que se localizaba en el ábside, aparecieron un conjunto de pinturas góticas que en la actualidad se conservan en el Museo de Navarra.

Vemos la figura de un hombre con tres caras o trifonte.

Hay que tener en cuenta que en el Románico todo transmite un mensaje.
De todas las representaciones de la Trinidad la más extraña es, sin duda, la que recurre a una figura tricéfala (de tres cabezas) o trifonte (de tres caras) aludiendo así a las tres personas.


Son de destacar: la portada, los leones de las enjutas y la sucesión de canecillos y metopas del alero.

La portada, abocinada y de medio punto, está formada por tres arquivoltas baquetonadas lisas, con la excepción de una hilera de rosetas y otra de clavos, y un guardalluvias decorado con una especie de ajedrezado.

El tímpano se asienta sobre dos ménsulas, una de las cuales conserva la primitiva cabeza de león; y en su centro se localiza un crismón entre dos ruedas con flores inscritas.
La portada está rematada por una cornisa o tejaroz, bajo la que se distribuyen siete canecillos entre los que se intercalan seis metopas

La primera de las metopas escenifica uno de los temas más representados en la escultura románica y se enmarca dentro de la iconografía del Juicio Final.
Se trata de la Psicostasis o pesaje de las almas. Los protagonistas son el arcángel San Miguel, que sostiene con su mano izquierda la balanza, y un demonio.
Entre ambos, y en un segundo plano, se intercala un tercer personaje: el difunto.
La balanza se encuentra en equilibrio, señal de que todavía no se ha realizado el pesaje del alma, como forma de juzgar el destino del difunto, salvación o condena.
Los canecillos llevan talladas figuras humanas y el estilo de las metopas es más arcaico.

En los capiteles parece adivinarse cierto carácter infernal, muy en boga dentro del Camino de Santiago

El conjunto de la portada se enriquece con elementos decorativos en las enjutas. 
Se trata de dos leones enfrentados: el de la izquierda muestra entre sus garras el cuerpo de un hombre con los ojos cerrados
; mientras, enseña en sus fauces los restos de otro al que está comiendo.



En el lado opuesto, otro león protege entre sus garras a un hombre sonriente.







El león fue un animal con consideración divina en las antiguas civilizaciones orientales y es representado en el románico en diferentes actitudes de agresión o protección: pisando la serpiente, devorando animales, protegiendo a hombres, etc. 

La presencia de semejantes personajes en las iglesias, hay que enmarcarla dentro de un fin catequizante. Más significativa en los templos de las zonas rurales, donde la dureza de la vida diaria "obligaba" a sus pobladores a refugiarse en los pocos placeres que recompensaban su existencia. La iglesia recordaba lo pecaminoso de algunos comportamientos.